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Gabriel Impaglione
A Pablo Neruda
en camino
Voy a tu mortaja de sudores de caballo,
a las espadas de salitre de tus huesos,
a los pliegues oceánicos de su algodón
de canto general o de suave crepusculario,
voy a buscar la gota de palabra
que yace mientras late el nuevo siglo.
Tesoro de futuro con bandera,
de infinita guitarra que aún espera.
Ay Pablo, compañero, la rosa
que empuñabas necesita
la voz como un viento de azafrán
tiñendo las nuevas geografías!
Han sucedido noches profundas,
rotas de duras mordeduras,
cañones empecinados en la muerte
del silbo albañil de los andamios.
Hemos sucedido despoemados quizás,
o tal vez silenciosos,
moribundos con todas las preguntas
como una armadura.
Cuánto vale este hombre vencido
que se duele de mercados pobres
donde el pan es un artículo de lujo?
Cuántos ratones vale ese hombre de la corbata?
Cuántas moscas el gerente del garfio imperial
que viene a cobrar la cuenta?
Ay Pablo, en algún sentido, los hombres
le crecen a la tierra con menos estatura.
Es que el humus padece dura cáscara
de fatigas y sanguinaria usura.
No lo has visto últimamente.
Por esos años donde estrenamos luto
por Ernesto, por Salvador y tú con ellos,
se desató una tiniebla de cuchillos,
de cárceles y campos de exterminio.
Han pasado tantas cosas, compañero!
La tristeza se recoge en la tierra
como un trigo marchito, o una piedra.
Se nos fueron muriendo poco a poco
los poetas y los sueños como niños.
Hemos quedado con lactantes balbuceos
intentando el canto, como una resistencia
de pájaro o de pez sorteando la implacable
red con que el despojo se consuma a diario.
No hay editores que consideren a la patria
como una cuestión de vida o vida
y se han olvidado la poesía en los estantes
del depósito.
Dime cuánto vendes y eso es lo que vales.
Cuánto vale un poeta, Pablo, cuánto?
Vale un gorrión, una copa vacía, un pan
reluciente de mano en mano, una manzana?
Cuánto vale un poema, compañero!
Vale un presidente a los pies del Imperio?
Vale un militante o un limitante?
Vale una mujer embanderada o una pera?
Cuánto vale un poema?
Un tiro, una espalda, un subsidio del partido,
una ayuda económica del plan para indigentes,
un vale para dos comidas rápidas,
un lugar en la mesa de los trashumantes?
Ni siquiera nada para muchos de aquellos
que te palmeaban la espalda.
Así las cosas en medio de los escombros
de lo que pudo haber sido una patria.
Pero entre piedras y humo y retorcidos
metales como plegarias rotas,
brotes de guitarra y puño inexorable
en busca del cielo arden en su savia.
Llegará el día que cantabas!
Esa dulce aurora de hogueras dando a luz
el día soberano.
Y entonces una marcha callejera,
llena de banderas y tambores, de risas
en el aire y de esperanzas
sacudirá las horas hasta deshojar la niebla,
y el día se extenderá como una muchacha
desnuda y ofrecida y fértil y sonrojada.
Ay Pablo, desde tu gota de palabra,
desde la esencia que trajiste contigo
para multiplicar el canto y su ternura,
como una onda en el estanque o el oleaje
del mar ingobernable,
se repetirá a los cuatro vientos
la aurora victoriosa.
Y la poesía será un canto fraterno
que regrese los hombres a la tierra.
Los poetas del pueblo, entonces, descalzos,
relucientes como un niño con su plato,
te nombraremos general del canto libertario,
gobernador de Estravagarios y Preguntas,
Almirante de Isla Negra y compañero
responsable de la esencia de todas las palabras.
Tan sólo deseo que llegado el día
aceptes entre una urgencia y otra
este homenaje bajo la floresta.
Esta estrella de viento en tu sombrero,
esta tarea para refundar la Patria.
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